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Las cosas "menos buenas"...

February 8, 2018

 

Sí, también hay que contarlas, que no son pocas...

 

Hace unos días os hice una pequeña encuestilla vía Stories de Instagram al contaros mi experiencia en este nuevo mundo de la cerámica artesanal, tan gratificante y tan sacrificado a la vez. Primero os conté que me pasa mucho que la gente se interesa por mi producto, me pide información, propuestas con detalles y precios, y después "si te he visto no me acuerdo". Ni un "gracias por la información, pero no me interesa", ni un "gracias" sin más. Y después os pregunté si a vosotros os pasaba lo mismo. Todos me respondisteis que sí!

 

Al principio pensé lo esperado: "no estoy sola". Pero poco a poco me invadió cierto sentimiento de tristeza. No me consolaba el mal de muchos...

 

Y aún sintiéndome algo frustrada, siempre me pasa que termino poniéndome en la piel del que tengo delante. Y entonces pensé, que todas aquellas personas que juzgan la artesanía como un producto caro, simplemente desconocen todo lo que implica. Y no es culpa nuestra (me incluyo), porque nos ha tocado vivir en este momento de producción y consumo masivo.

 

Os voy a contar cómo hago un plato llano de tamaño mediano (unos 20 centímetros de diámetro) a mano, sin torno.

 

Primero cojo un trozo del barro que voy a utilizar del tamaño de una manzana (y eso que el barro no lo hago yo misma, aunque a veces le hago algunas modificaciones a mi gusto, para aportar mi toque personal). Lo amaso entre 5 y 10 minutillos, para quitarle posible aire que pueda tener dentro. Las burbujas son un gran enemigo en cerámica, ya que pueden provocar roturas en cualquier momento del proceso, pero sobre todo en las cocciones).

 

Después de amasarlo, utilizo, o un rodillo para extenderlo como una masa para pizza, o una máquina que se llama laminadora, que me hace la vida un poco más fácil y más homogénea en cuanto al grosor de la lámina. Para que me entendáis, es como una máquina de hacer pasta fresca.

 

Cuando ya tengo la lámina del tamaño y grosor que quiero, la corto en un círculo un poco más grande del tamaño del plato que voy a querer. Debo tener en cuenta que va a encoger ya que al final de todo el proceso habremos eliminado toda la humedad del barro, y además le haré un bordecito también. Tengo que estar pendiente del porcentaje de humedad que perderá para poder hacer un buen cálculo de la medida.

 

Lo quiero sencillo y liso, por lo que ya más o menos lo tendría listo para empezar con la fase de secado. Lo cubro bien, ya que la cerámica es un proceso leeento y de cariño. ¿Qué significa esto? Que no puede secar como secaríamos un bañador mojado al sol, ni tampoco tan despacio que jamás lleguemos a terminar nada... No hay método exacto, y en cualquier momento puede aparecer una raja, o varias, y echar a perder lo que llevamos hecho hasta aquí. En verano hay que tener mucho cuidado de que el secado no sea demasiado rápido, y en invierno, justo lo contrario. No sé cuál de las dos opciones es más difícil... Hay que destapar, comprobar que todo va bien, y volver a tapar. Hay que dar la vuelta a la pieza, airear, volver a comprobar que todo va bien. Y así un día, y otro día, y otro día... Puede pasar una semana, o dos... Todo depende de tantas cosas...

 

Venga, ya está seco, por fin! Y no hay rajas (que si las hubiera, o vuelvo a empezar, o intento arreglarlas con un poco más de barro húmedo o un "pegamento mágico" que no siempre funciona...). Pues ahora lo lijo, con mucho cuidado, porque en este momento el plato es como un hojaldre. Un golpe y plas! roto. Lo lijo con mimo, se llena todo de barro en polvo, pero va sobreviviendo, lo voy alisando. Ya lo tengo seco, lijado y listo para la primera cocción.

 

Esta cocción se llama "bizcochado" (cuanto más escribo más similitudes encuentro con la cocina, y me encanta!). Llenamos el horno de piezas, que en esta cocción se pueden más o menos tocar y apilar unas con otras, dependiendo del peso de cada una, la densidad de carga de la hornada, y si no son barros de colores muy fuertes que puedan manchar a otros, por ejemplo un rojo y un blanco. Las piezas se pueden deformar durante la cocción, por lo que hay que colocarlas correctamente. Programamos entre unos 900 y 1000 grados, y esperamos... unas 25 horas en total. Entre 6 y 7 horas de subida de temperatura, con el cálculo de la curva de cocción adecuada por tramos, y el resto de bajada... Ya os dije que la cerámica artesanal es un proceso leeeento y de cariño.

 

Cuando por fin abro el horno es una sensación especial. Una mezcla entre miedo por encontrar posibles piezas rotas y desastres varios que puedan afectar al interior del horno, y emoción como si vinieran los Reyes Magos.

 

Ok todo ha ido bien esta vez, una más! Ahora, cuando la pieza esté fría, voy a esmaltarla, o pintarla o darle color para que me entendáis. No es un proceso sencillo... Si no te has molestado en hacer pruebas de barro y esmalte, no sabes cómo quedará el plato. Pero en este caso las he hecho, lo voy a esmaltar en blanco con tonos azulados. Utilizo un óxido aplicado con brocha, que en mayor o menor medida me dará el azul que quiero, y encima, le añado una capa de esmalte blanco. Cuando la capa está seca, le añado otra, que me refuerza la vitrificación. Aunque no hay que pasarse, ni quedarse corto. Una u otra opción podrían dar al traste con el resultado, creando extraños efectos de burbujas, o quedando zonas sin esmalte. Cuando esté bien seco (preferiblemente un par de horas después), ya estará listo para la segunda cocción.

 

Volvemos a llenar el horno, esta vez no se puede tocar ninguna pieza con otra, ya que se quedarían pegadas. Es un arte cargar el horno, os lo puedo asegurar... a esto le podría dedicar un post entero (igual que al esmaltado, y a cualquier otra fase del proceso…). Una vez lleno, programamos de nuevo a más de 1200 grados, y esperamos más o menos otras 25 o 26 horas en total con la curva de cocción adecuada.

 

Ay cuando lo abrimos! la sensación de la primera vez, multiplicada por 1000!! Habrá funcionado el esmalte? Se habrá roto el plato? Habrá ocurrido un desastre de esmalte derretido y pegado en el horno?... y un sinfín de interrogantes más... De nuevo, el plato ha sobrevivido... aunque horas después de estar en la estantería, aún hace algún ruidillo, como pequeños estallidos de partículas vitrificando... hasta aquí aún podría romperse!

 

Cuánto vale ese plato? Ufff... pues depende de tantas cosas... Del barro que he utilizado, del esmalte y fórmulas que he utilizado, del tiempo que me llevó darle la forma, y cuidarlo y mimarlo aireándolo y dándole vueltas como si fuera un fino hojaldre en la estantería, del tiempo que me llevó lijarlo, cuánto y cuándo pude cargar cada horno, y todo esto si no tuve que repetirlo...

 

No hay precio caro, pero sí entiendo que haya desconocimiento. Y yo quiero que todos sepáis cómo trabajo, cuántas horas le dedico, cuánto cariño, cuidado y preocupación para cada una de vuestras piezas. Sólo soy feliz cuando las recibís en casa y me decís que es preciosa, perfectamente imperfecta, sin ser jamás igual a ninguna otra, completamente única. Como un bizcocho, una pizza, un hojaldre... y a fuego lento.

 

Con cariño,

Eva

 

 

 

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